Si hay un termino que se ha
vuelto muy común usar en nuestro léxico cristianos es: Gracia.
He escuchado muchísimos significados para esta palabra pero todos se acercan a un mismo principio, “Recibir algo que no se merece”.
He escuchado muchísimos significados para esta palabra pero todos se acercan a un mismo principio, “Recibir algo que no se merece”.
En 2ª de Samuel capítulo 9 versos 1- 13 encontramos la siguiente
Historia:
Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a
quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?
Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo.
El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar.
Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar.
Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo.
Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.
Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?
Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor.
Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos.
Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey.
Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset.
Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies.
Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo.
El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar.
Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar.
Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo.
Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.
Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?
Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor.
Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos.
Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey.
Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset.
Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies.
Lo que hizo el Rey David es uno de los mejores ejemplos que podemos
encontrar de lo que es la Gracia, Mefi-boset que su nombre no significa otra cosa que el que esparce vergüenza, aquel que
se autollamo “perro muerto”, que había perdido todas sus posesiones por el simple hecho de ser
parte de la familia de Saúl, que había quedado lisiado de ambos pies por culpa de su criada que lo
dejo caer cuando era pequeño, que seguramente en su condición vivía en un muladar en un lugar
deplorable y lleno de basura, seguramente con alguna enfermedad contraída por la contaminación
que tal vez hasta vivía con perros y en una situación deplorable, que tal vez solo comía
desperdicios, los restos de comida que otros echaban en su basura…
Este hombre fue invitado por el Rey a sentarse a su mesa, seguramente le bañaron, le cortaron su
pelo y su barba, le cortaron las uñas y le dieron de las mejores ropas que había en el palacio y acto
seguido lo llevaron a uno de los salones quizás más elegantes del palacio, donde todo estaba
ordenado, y adornado con colores purpura, esa mesa estaba llena de los más ricos manjares, con
las más exquisitos platillos y con el mejor vino seguramente, servido seguramente por un montón
de siervos que estaban a su disposición, en la mejor vajilla de oro que existía en el reino, pero no
era la mesa ni el salón ni la comida lo mejor que había ahí, sino la misma presencia del Rey.
¿Sabes?
El Señor ha hecho algo parecido
por nosotros, siendo nosotros unos perros muertos, en nuestros delitos y pecados,
el vino a salvarnos y por Su gracia nos ha invitado a sentarnos en lugares
celestiales, el nos ha limpiado nos ha dado un corazón nuevo, nos ha bañado con
Su Sangre para limpiarnos del pecado y nos ha invitado a Su mesa a
disfrutar de los más ricos manjares celestiales de una
vida en santidad y apartada del pecado, una vida llena de bendiciones y de
victoria.
Pero…
Hemos despreciado esa gracia,
pudiendo estar sentado a la mesa del Rey de Reyes y disfrutar de los manjares y
los más ricos platillos de bendiciones que El tiene para nosotros; en nuestra
necedad hemos decidido que queremos seguir viviendo en el muladar del pecado y
seguir comiendo del desperdicio que nos deja la vida mundana. Pudiendo
disfrutar la presencia de ese Rey que nos amó y se entrego por nosotros y que
nos ha dado la victoria sobre el pecado, hemos preferido seguir revolcándonos en
el basurero de nuestro pecado.
Es cierto, cuando nosotros fuimos
salvos aceptamos la gracia de Dios y esta tuvo efecto en nosotros. Esto es como
si hubiéramos aceptado que se nos sacara de ese muladar y se nos bañara y se
nos peinara y se nos dieran ropas nuevas, pero al llegar a la mesa Real, junto
al Rey de Reyes, al ver aquellos manjares y aquel vino, y al ser el único requisito
el mantenerse limpio (santo) para gozar de ellos, hemos salido corriendo de ese
lugar a volver a revolcarnos en aquel muladar que es el mundo.
Solo nos queda preguntarnos, ¿He estado viviendo de tal
manera, que he despreciado la Gracia de Dios?
Romanos 8:37 Antes, en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó.
¡Gloria a Dios! Que en Cristo hay victoria sobre el
pecado.